‘The Show’: la primera película escrita por Alan Moore es un apabullante despliegue de fantasía y humor británico

Se esperaba con ganas la primera película escrita por Alan Moore para la gran pantalla. El maestro del cómic, siempre azotando a la industria del entretenimiento, aterrizó en Sitges con una película llena de grandes ideas, situaciones estrafalarias y personajes inolvidables. Puede que ‘The Show‘ se guste demasiado a sí misma, pero el viaje merece la pena.

La textura de los sueños

Como no podía ser de otra manera, el rico mundo interior de Alan Moore, lleno de ocultismo, superhéroes jubilados, drogas, pesadillas y cine y humor negros llenan la pantalla bajo la tutela de Mitch Jenkins, colaborador con quien el autor de ‘Watchmen‘ y ‘V de Vendetta‘ lleva trabajando y explorando esos mundos unos cuantos años. De hecho, ‘The Show’ amplía el mundo creado en los cortos que escribió (e interpretó) para el director y que se recopilaron en ‘Show Pieces’ en el año 2014

Tom Burke, a quien veremos como Orson Welles en el ‘Mank‘ de David Fincher, se descubre como intrigante personaje con altas dosis de comicidad interior y exterior. ¿Es un detective zen? ¿Algo más? Obviamente no seré yo el que te saque de dudas, pero sí podríamos decir que su punto de partida detectivesco ya implica el primer gran chiste de la película a costa del nombre de su personaje, un hombre de múltiples habilidades e identidades, que llega a Northampton con la misión de localizar un objeto robado. Junto a él visitaremos un extraño mundo poblado por personajes excesivos y una actividad que se desenvuelve entre el mundo de los sueños y el real.

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Fletcher (si es que ese es su verdadero nombre) no será el único «detective» de la función. La casa club con fotografía en blanco y negro y una voz en off divertidísima es solo otro punto de ruptura de una película que se mueve entre la comedia absurda y el thriller onírico que tan bien sabe ofrecer Davi Lynch, recordando también al ‘Under the Silver Lake‘ de David Robert Mitchell. Comedia absurda no es algo que uno espere del primer guión cinematográfico de Alan Moore, pero los personajes y situaciones de la película se expresan desde el género más puro y más británico.

Alan Moore’s Flying Circus

Con Alan Moore detrás de todo es lógico que ‘The Show’ tenga una fuerte carga meta-textual que hace que la transición entre distopía de los sueños, las historias de vigilantes y el noir sea no solo digerible: también es disfrutable. Una de las películas con premio de esta edición de Sitges, la premiada ‘La vampira de Barcelona’, se asemejaba, a pesar de sus buenas intenciones, a una aventura gráfica de teléfono móvil. En este caso pasa algo parecido pero mucho más afortunado: parece una aventura gráfica de la edad de oro del género.

Theshow

Hay algo casi profético en la figura del vigilante enmascarado de la película, nada más que un mirón con látex, personaje indispensable en la conciencia de un autor que cinco días a la semana torpedea el género superheróico desde su base central. Su visión de esa dolencia de género se personifica en un personaje que, además, nos sitúa muy cerca de otros sistemas computerizados más recientes del Universo DC.

Pocos autores han tenido más claro el peligro de los vigilantes, de la justicia y de las armas políticas y de la muerte del futuro. Y ‘The Show’, a pesar de su carga humorística, no es muy diferente. Ahora que no parece que podamos esperar unas producciones especialmente arrolladoras, la película de Jenkins es uno de los movimientos más frescos del actual cine británico. Este nuevo complot de Moore incluye una excelente selección musical que alegra una divertida pesadilla donde podemos ver cómo asoman los picos gemelos sobre el lago plateado.


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por
Kiko Vega

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