‘Rebeca’ no encuentra su identidad: la película de Netflix palidece ante el clásico de Alfred Hitchcock pese a su solvencia técnica

La industria del cine siente una tentación irremediable de volver a historias que ya nos ha contado con anterioridad. Puede ser a modo de homenaje, un mero pretexto para repetir el éxito de la obra previa o simplemente porque hay un autor detrás que está deseando dar su voz a ese relato. En el caso de ‘Rebeca’ podría parecer que Ben Wheatley buscaba esto último al volver a adaptar la novela de Daphne du Mairier que Alfred Hitchcock ya había llevado a la gran pantalla en 1940, pero una vez vista no tengo muy claro qué es lo que pretendía exactamente.

He de confesar que la versión de Hitchcock no se encuentra entre mis títulos favoritos de su filmografía, pero ahí pesa más el hecho de que rodase tantas grandes películas que cualquier otra cosa. Sin embargo, tampoco la veía como una película tan intocable como para que la decisión de Wheatley me pareciese una simple osadía, pero es que a la hora de la verdad esta película que llega a Netflix este 21 de octubre es una propuesta como muy poco que aportar.

Poco que destacar

Protagonistas Rebeca

Lo mejor de esta nueva ‘Rebeca’ está en sus primeros minutos, donde conocemos el inicio de la relación entre los personajes interpretados por Lily James y Armie Hammer. Ella una joven humilde que hace lo posible por salir adelante y él un hombre adinerado que ha perdido recientemente a su mujer. El romance entre ellos parece inevitable, pero al menos ella se muestra muy efectiva transmitiendo una imagen que ya explorado en multitud de ocasiones, mientras que él cuenta con una efectiva entrada en escena bromeando sobre sí mismo.

No es que entonces sea gran cosa, pero como comedia romántica tiene su encanto, ni que sea por la forma que tiene ella de manipular a la señora para la que trabaja, interpretada por una inspirada Ann Dowd. De hecho, ella es la única que realmente parece moverse con libertad por la película, ya que el resto acaba totalmente encerrado dentro de las convenciones menos estimulantes del melodrama romántico por el que apuesta con descaro Wheatley a partir del momento en el que la relación entre ambos va a un paso más allá.

Ese es el momento exacto en el que ‘Rebeca’ pasa a convertirse en una película sin una verdadera razón de ser más allá de que en lo referente a la ambientación se notan los esfuerzos para que la película transmita cierta elegancia, algo también aplicable a los apartados técnicos, siendo la base de algunos instantes con una fuerza visual indiscutible. Eso sí, instantes y no algo con continuidad, ya que Wheatley convierte la película en un melodrama romántico de lo más monótono.

Monotonía

Imagen Rebeca

Por un lado, tanto James como Hammer se revelan aquí como malas elecciones de casting, la primera por mantener una actitud casi idéntica durante la mayor parte de metraje en lugar de transmitir cómo se va viendo afectada por la sombra de la anterior esposa de su marido. De hecho, su cambio acaba siendo demasiado brusco y sin saber muy bien cómo explorar las implicaciones psicológicas de todo lo que sucede.

Por su parte, Hammer parece un tanto perdido a la hora de reflejar las emociones de su personaje. Es cierto que el guion de Jane Goldman, Joe Shrapnel y Anna Waterhouse no parece hacerle muchos favores, pero justo es reconocer que él tampoco hace gran cosa por elevar el material que tiene en sus manos, algo especialmente palpable cuando sale a la luz la verdad y entendemos mejor el tormento que sufre.

Escena Rebeca

Tampoco Kristin Scott Thomas consigue triunfar en su intento de ofrecer un enfoque más humano a la Señora Danvers -al menos ahí sí se percibe querer hacer algo distinto-, ya que da la sensación de no querer liberarse en ningún momento de ese toque más controlado que domina la película en todo momento y que se convierte en su principal debilidad. Es como si a Wheatley le preocupase más que todo estuviese medido a que la historia realmente transmitiera algo al espectador, quizá de ahí que la carga de suspense se vea reducida a su mínima expresión y en ningún momento consiga ser emocionante o mantenerte intrigado. Las cosas van sucediendo sin una atmósfera que matice lo que pasa y ya está.

Esa falta de garra y decisión convierten a ‘Rebeca’ en una película vacía de interés. Es cierto que nunca llega a ser horrible y no hay nada concreto especialmente flojo, pero, incluso dejando de lado que exista una versión anterior de Hitchcock de la misma historia, sí es una de esas películas que al verla te da la sensación de no estar aprovechando tu tiempo, de que la han hecho para solucionar la papeleta intentando hacerlo con la mayor dignidad posible pero sin tener una idea muy clara de lo que querían conseguir con ella.

En resumidas cuentas

Lo mejor que se puede decir de ‘Rebeca’ es que no resulta una ofensa y lo peor es que hasta hubiésemos salido ganando si no hubiese existido. Al menos nos hubiésemos ahorrado dedicarle dos horas de nuestro tiempo a una película tan neutra que le quita todos los alicientes a la historia ideada por Daphne du Maurier.


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‘Rebeca’ no encuentra su identidad: la película de Netflix palidece ante el clásico de Alfred Hitchcock pese a su solvencia técnica

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Mikel Zorrilla

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