‘My Mexican Bretzel’: los límites de la realidad y la ficción en una de las películas más fascinantes del año

Como decía Paravadin Kanvar Kharjappali: «La mentira es sólo otra forma de contar la verdad». Esta frase es lo primero que vemos de ‘My Mexican Bretzel‘, la ópera prima de Núria Giménez que ha llegado valerosamente a los cines en estos tiempos tan inciertos.

Si lo pensamos bien, la frase de Kharjappali se puede aplicar perfectamente al cine: «el cine (la mentira) es sólo otra forma de contar la verdad». Acudimos al cine, a las historias ficticias de todo tipo, para que nos cuenten la verdad y nos hablen de nosotros mismos.

El pasado mes de mayo, cuando sólo la ficción conseguía que desapareciéramos y nos olvidáramos de que el mundo como lo conocíamos estaba desapareciendo, el Festival D’Autor de Barcelona aterrizaba a Filmin ante la imposibilidad de celebrarse de forma presencial.

Entre su programación, y convertida en un pequeño fenómeno (se alzó con el Premio del Público) estaba ‘My Mexican Bretzel’, una película documental que juega con maestría con los límites de la realidad y la ficción; o lo que es lo mismo, con los límites de la verdad y la mentira.

Un diario íntimo en 8mm y 16mm

En ‘My Mexican Bretzel’ conocemos la historia de Vivian Barrett, una mujer acomodada, a través de su diario íntimo. Un diario que leemos sobreimpreso en las filmaciones caseras realizadas por su marido, un rico industrial, durante los años 40 y 60. Unos diarios en los que relata sus anhelos, pasiones, inquietudes, dudas y miedos.

Un diario apasionante, de una mujer fascinante y aburguesada de la vieja Europa, y en la que nos sorprende encontrar varios pasajes de Paravadin Kanvar Kharjappali, el autor favorito de Vivian. Barrett relata de forma soberbia su historia y la profundidad de sus pensamientos, en un contraste perfecto con la ligereza de las películas caseras en 8 mm y 16 mm.

Vivian y León Barrett

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La historia de Vivian y León Barrett es tan emocionante que nos cautiva desde el principio. Su historia comienza justo tras la Segunda Guerra Mundial, cuando León vuelve herido tras meses de servicio como piloto. Vivian habla sobre el sentido de la vida tras un acontecimiento tan sangriento como la guerra y muestra su preocupación por la salud de Barrett, el gran amor de su vida.

Por suerte, la salud de León mejora y la vida comienza a sonreírles. Heredan una mansión en Suiza, y revolviendo entre las pertenencias de su pariente fallecido, encuentra el misteriosos libro rojo del gurú indio Paravadin Kanvar Kharjappali. Un libro, cuya filosofía Vivian seguirá a lo largo de los años.

Dos décadas llenas de viajes, negocios de éxito con medicamentos para encontrar la felicidad, infidelidades, viajes, reuniones de amigos, travesías en barco… Reflexiones sobre el amor, la felicidad, sobre el propio hecho de filmar para no tener que vivir. El testimonio privilegiado de la burguesía europea en un continente sobreviviendo a la posguerra.

El melodrama y el found footage

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Es tan efectiva la narración que se nos olvida que estamos viendo un documental y sobre todo, se nos olvida la frase del inicio, que nos da la pista de su trampa. Quizá la olvidemos conscientemente, fascinados por lo que vemos, escuchamos y leemos, negándonos a ver la verdad. O la mentira.

Una frase que, de golpe, vuelve a nosotros. Porque…¿estamos realmente ante un documental? ¿Habían escuchado hablar antes de Paravadin Kanvar Kharjappali? O mejor, ¿quién es Vivian Barett? ¿Realmente existió un medicamento que proporcionaba la felicidad?.

Sí, en ‘My Mexican Bretzel’ hay una trampa. Una trampa que no voy a desvelar de forma específica, porque quitaría la magia al visionado de la película (y su directora así lo quiere), aunque si ponen un poco de atención, quizá lo descifren. Y es que es un truco que hace que la película de Núria Giménez pase de ser muy buena a excepcional.

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Núria Giménez edita con maestría estas filmaciones caseras que encontró en un sótano y con ellas, nos cuenta una bellísima historia. Vemos este found footage con un uso exquisito del sonido, a la vez que leemos en forma de subtítulo los pensamientos y deseos más profundos de Vivian.

El resultado es una película llena de misterio. Un ensueño romántico. Un espejismo. Un historia tan fascinante que parece de mentira. La realidad supera la ficción, ¿no era eso? Pero la ficción también nos cuenta la realidad, ¿verdad? Y ‘My Mexican Bretzel’ es una bellísima reflexión sobre el cine y el sentido del cine, sobre hasta dónde somos capaces de creer.

Lo que está claro es que ‘My Mexican Bretzel’ no hace más que corroborar lo que hemos venido viendo este año: el mejor cine español del 2020 es cine documental. Un cine variado, personal y único que no es más que la particular forma de contar verdades (y mentiras) de sus creadores. Con la estupenda ‘My Mexican Bretzel’, Núria Giménez sólo confirma que es una contadora de historias nata, una mentirosa sublime que cuenta verdades como puños. Y nos encanta.


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‘My Mexican Bretzel’: los límites de la realidad y la ficción en una de las películas más fascinantes del año

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LuciaRos

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