‘Mank’: David Fincher ofrece una lúcida mirada al presente descifrando la cara B de uno de los pilares de la narrativa en el cine

No parece ya importante que la película favorita de Trump sea ‘Ciudadano Kane‘ (Citizen Kane, 1941), cuando el Presidente de los EE.UU. ya empieza a sonar a pasado del país, pero es un dato, cuanto menos, curioso cuando ‘Mank‘ (2020), el nuevo film de David Fincher para «Netflix International Pictures«, tiene unos reflejos particularmente oportunos a raíz de la figura en la que se inspiró la película.

Puede que ‘Mank‘ no sea la mejor película de Fincher, pero desde luego, no es una simple recreación del Hollywood clásico en la onda deÁve César‘ (Hail Caesar, 2016), con la que, en efecto, tiene puntos en común, pero en su fresco de una época incómoda para la industria deja sutilmente muchas pistas para entender el mundo del entretenimiento de hoy, e incluso cómo se relaciona con la tensión social del momento.

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Fincher sigue ofrenciendo, en el fondo, un provocativo blockuster con su inteligencia visual habitual, esta vez imitando el estilo del filmes de los años 40 a modo de ornamento postmoderno, para sumergirse en el mundo del guionista alcohólico de ‘Ciudadano Kane’ Herman J. Mankiewicz (Gary Oldman), su agitada relación con el director Orson Welles (Tom Burke) y su tira y afloja con el titán del periódico William Randolph Hearst (Charles Dance) y su amante Marion Davies (Amanda Seyfried). Redondean un trabajo de estilo sereno una inusual banda sonora de Trent Reznor y Atticus Ross, y una de las mejores interpretaciones de Oldman. Casi nada.

La cara B de una obra maestra

Porque ‘Mank’ no trata (solo)de la escritura del guión, sino del hombre que escribe el guión, una personalidad torbellino, que alterna perlas de sabiduría en cada una de sus verdades, que tienen tanto efecto cortante como dosis de autodestrucción de un hombre que sabe sacar oro de sus propias miserias. Oldman lo retrata con valentía y entusiasmo confidente que nunca roza el histrionismo fácil, logrando un equilibrio sardónico que redondea a uno personajes con más chispa de la carrera de Fincher.

Más allá del estudio del personaje, Mank nos sirve de Virgilio a través de la era dorada de Hollywood, que el director sabe reflejar con una paleta crepuscular entre lo decandente y la purpurina, con brillos que deslumbran entre sombras y tonalidades de gris que encarnan el hechizo traslúcido de un sueño, que tiene más que ver con filmes ‘Como plaga de Langosta‘ (Day of the Locust, 1975) o ‘Barton Fink‘ (1991) que con biopics al uso de los últimos años o films de mimesis tan odiadas por la crítica snob como ‘The Artist‘ (2011).

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Puede que el guión de Jack Fincher, el difunto padre del cineasta, fuera escrito en los 90, pero en su estudio del fin de los años 30, su mirada global deja una lectura visionaria del momento por el que se atraviesa hoy, no solo en la industria del entretenimiento, sino en el hálito ideológico que recorre el mundo. Desde el conservadurismo de la industria, la recesión económica inminente, la visión de los nazis como algo ridículo a la propia figura de William Randolph Hearst, que como señala Mank, refleja los peligros de visibilizar y aupar a titanes, dandys y relaciones públicas de los medios hacia el poder ejecutivo, sean de la idea que sean.

Un reflejo visionario de las elecciones de 2020

Y es que, en ‘Mank‘ resulta casi cómica la forma en la que se refleja inconscientemente la boutade electoral de Trump, en el bloque dedicado a las elecciones, que inspiraron al guionista para uno de los momentos claves de la que sería película favorita del Presidente. No sin ironía, observamos teorías conspiratorias sobre fraude electoral, cuando su estrategia estaba ya en ‘Ciudadano Kane’, y por eco pertinente en ‘Mank’, cuando en la propia redacción se especula qué portada elegir para abrir a toda página, si «Kane elegido» o, directamente «Fraude en las urnas». Nos suena.

Pero es que en el libreto ya se habla de intereses ocultos rusos (esa millonaria del petróleo que llama a la radio para alertar de si ganan los demócratas se quedará sin casa), fake-news, y la semilla del miedo al socialismo que daría lugar al mccarthismo (¡Auspiciado más adelante por Disney!), que convierte a ‘Mank’ en una afiladísima precuela de ‘Trumbo‘ (2015) y la relación del mundo entretenimiento con la percepción política y la caza de brujas.

Una definición profética de la era Trump, que tan solo es la historia repitiéndose así misma, pero que convierten al film de Fincher en un caleidoscopio temático que sirve también para comprender las dificultades de los estudios para devolver al público a las salas, tal y como se preguntan en diferentes comités creativos, mientras en el mundo real las plataformas anuncian que estrenarán los filmes de estudio en nuestra casa, una paradoja doble cuando ‘Mank‘, uno de los filmes más importantes de un año famélico de grandes apuestas, se ha estrenado directamente Netflix. No puede ser más relevante.


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‘Mank’: David Fincher ofrece una lúcida mirada al presente descifrando la cara B de uno de los pilares de la narrativa en el cine

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Jorge Loser

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