‘Lux Æterna’: Gaspar Noé incendia un caótico rodaje con una comedia epiléptica rebosante de maldad

Si hace un par de temporadas el bueno de Lars von Trier se consagraba como incómodo comediante desde las entrañas más podridas del ser humano, Gaspar Noé, otro azote de la corrección, parece haber optado por esa misma vía, eso sí, en una película que dura un tercio de ‘La casa de Jack‘. Con ‘Lux Æterna‘ el argentino, francés de adopción, se destapa con una corrosiva apuesta llena de mala uva.

Qué ruina de función

Con un guion de apenas tres líneas, mucha improvisación y un rodaje frenético, la película cuenta, precisamente, un caótico rodaje que se ha convertido en una batalla campal. Y es que aquellos que hayan tenido la suerte o la desgracia de trabajar en un set de grabación apurado van a disfrutar de la nueva película del cineasta. De alguna manera, podríamos decir que estamos ante el ‘Qué ruina de función (Noises Off…)‘ del cine más pedante y pagado de sí mismo. Casi un cruce entre la película de Peter Bogdanovich y ‘The Neon Demon‘.

Béatrice Dalle es la directora de una película sobre la caza de brujas en la Edad Media, un ambicioso proyecto convenientemente titulado «L’œuvre de Dieu», y Charlotte Gainsbourg es la actriz que protagonizará su película. Todo el equipo de rodaje se pone al servicio de una película que va a tratar de sacar adelante con escasas probabilidades de éxito la actriz francesa. La intención de Noé de filmar a un director poco hábil a la hora de gestionar al grupo saca sus miedos como cineasta, sabedor de la facilidad con la que un rodaje puede venirse abajo en cuanto se agriete cualquier columna que lo sostenga.

critica lux aeterna

Acostumbrados como estamos a que sus trabajos nos provoquen una risa tonta, más cercana a la complicidad de quien es consciente de la tomadura de pelo que está viendo, resulta gratificante comprobar cómo Noé ha decidido arrancar de cuajo el corsé de la solemnidad para entregar la primera comedia de su filmografía. Pero claro, hay que tener en consideración que el director tiene un sentido del humor bastante peculiar.

La luz al final del clímax

Después de una introducción a base de fragmentos de ‘Häxan: La brujería a través de los tiempos’, la inmortal obra maestra de Benjamin Christensen que está muy cerca de cumplir un siglo de no vida, ‘Lux Æterna’ descoloca por el abusador (que no abusivo) recurso de la pantalla dividida para mostrar las distintas acciones que acontecen en el lugar de rodaje, cada una en su propio idioma.

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Dreyer, Buñuel o Fassbinder son citados en la luminosa pesadilla colectiva que supone un rodaje bajo presión. Y no se libra nadie. Aquí hay sitio para trepas, visitantes incómodos, déspotas productores que solo tienen oídos que para su inversión, modelos caprichosas, actrices venidas a más, venidas a menos, directores desesperados y departamentos enfrentados. Todos conjurados para destruir el rodaje mientras sacrifican con sus quejas al pobre auxiliar de dirección y/o producción que siempre está en el fango cobrando menos que nadie. Sobre todo el de producción.

Hace tiempo que Noé vive por y para su dominio formal y su gusto por la improvisación. Su comicidad, en cambio, rara vez salía a flote más allá de la astracanada de turno. Por eso es un gustazo encontrarse con Karl Glusman, al que hemos visto precisamente en ‘Love’ y ‘The Neon Demon’, convertido aquí en un inesperado alivio cómico no exento de incomodidad. De hecho será el primero en comenzar a resquebrajar el ambiente y dar pistoletazo de salida a la nueva pesadilla del director de ‘Enter the Void’.

Cadaver Aeterna

Esta comedia multicolor llena de oscuridad es una explosión en Polivisión que merece ser disfrutada en una pantalla grande, aunque, ojo: sus últimos minutos pueden destruir la mente de los espectadores más (foto)sensibles. En esta ocasión no será una violencia desatada la causante de nuestros males: puede ser la epilepsia. Eso sí, el director se lava las manos al respecto y lo advierte desde la introducción de la película con una cita perfecta para hacernos una idea de lo que está por venir:

«Todos gozáis de buena salud, pero ni os imagináis la felicidad suprema que siente un epiléptico un segundo antes de la crisis». Fiodor Dostoievski. Podéis consideraros doblemente advertidos.


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por
Kiko Vega

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