Los huracanes griegos: o qué pasa cuando hay tantas tormentas tropicales que se nos acaban los nombres con los que llamarlas

El 23 de septiembre de 1834, mientras velaban en la Iglesia de Santa Bárbara el cuerpo aún templado del Padre Ruiz, hizo su aparición en Santo Domingo uno de los huracanes más voraces que han azotado la ciudad. Y esto, creedme, no es poca cosa. Su misma situación geográfica en la orilla occidental del río Ozama se debe, pura y esencialmente, a uno de ellos.

De esa forma, la Tormenta Grande del Padre Ruiz es uno de los pocos huracanes históricos que no tienen nombre de santo. Antes y después, la práctica habitual era nombrarlos según el santoral que tocara el día en que tocara tierra. Con el paso de los siglos, el sistema fue perdiendo eficacia (se amontonaban las tormentas tropicales con nombres idénticos) y los científicos se dieron cuenta que necesitábamos una nomenclatura menos de andar por casa.


¿Cómo llamamos a los huracanes?

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Parece que el primero que propuso un enfoque sistemático fue Clement Lindley Wragge a finales del XIX y principios del XX; sin embargo, no fue hasta 1953 cuando el Centro Nacional de Huracanes de EEUU decidió ponerles nombres propios a las tormentas tropicales.

Hoy por hoy, es la Organización Meteorológica Mundial la que selecciona un comité científico internacional que pre-establece listas de nombres que se repiten cada seis años. En casos especiales (es decir, cuando el huracán provoca daños muy adversos), el comité puede retirar ciertos nombres. En el 92 se retiró Andrew; en el 98, Mitch y en 2005 se hizo lo propio con Katrina.

La irrupción de los «huracanes griegos»

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Hasta aquí todo bien. Pero no sé si os habéis fijado que en los listados solo hay 21 nombres por temporada, ¿qué pasa si alguna temporada supera esas 21 tormentas dignas de ser nombradas? ¿Se quedan sin nombre? ¿Se sigue por el año siguiente? ¿Se inventan sobre la marcha? La respuesta es un poco rara. Cuando la Organización Meteorología se planteó esta cuestión le pareció algo poco probable y lo cierto es que tuvieron que pasar 30 años para que eso ocurriera. En 2005, por primera vez, se superaron los 21 huracanes.

Ese año, comenzaron los huracanes griegos. Es decir, los que están más allá del número 21. Aunque era poco probable, la OMM sí diseñó un plan para nombrar huracanes en caso de que se encontraran con esa situación. Y el plan era volver al sistema de Clement Lindley Wragge: usar letras del alfabeto griego.

2005 acabó con 31 huracanes: es la temporada de huracanes más activa que se ha registrado nunca. 2020 ya lo ha alcanzado. Eso sí, la tormenta tropical Zeta de 2005 se empezó a formar el 29 de diciembre, la de este año tocó tierra hace tres días en Luisiana. Nos quedan dos meses para superar el récord de hace 15 años.

No es raro, tenemos un aliado poderosísimo: el cambio climático.


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Xataka

por
Javier Jiménez

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