‘Little Voice’: un amable cuento de Apple TV+ que demuestra un amor incondicional por la música

'Little Voice': un amable cuento de Apple TV+ que demuestra un amor incondicional por la música

Cuando el año pasado se presentó en sociedad ‘Little Voice’, la premisa era tan vaga que uno no sabía exactamente qué esperar. Sabíamos que detrás de ella estaba la ganadora del Grammy Sara Bareilles, estrella emergente del panorama, y que era una de las series que J.J. Abrams iba a desarrollar para Apple TV+.

Y, una vez vista la temporada completa, que llega a la plataforma de Tim Cook, me encuentro en el brete de calificar (y clarificar) qué es exactamente esta «carta de amor a la diversidad musical de Nueva York» y cómo se traduce en la historia de una artista cualquiera que busca su sitio en la escena.

La aspiración del artista

Porque la serie va de eso. En cierto modo los nueve episodios de la serie reflejan el dramatismo del postulante a artista. Quien se haya movido por micros abiertos, por conciertos de bandas primerizas (la tuya, la de nuestros amigos) o haya conocido a gente asidua a ellos sabrá reconocer enseguida esas angustias características del amateur con aspiraciones.

Algo que era, básicamente, la carta de presentación de Sara Bareilles con la serie. Es una historia que más que de la suya personal bebe de la de un ingente número de gente que ha sido, o es, como Bess (Brittany O’Grady) y sus amigos. ‘Little Voice’ gira en torno a esta joven camarera que gasta su tiempo libre en componer sus propias canciones mientras lidia con la familia, el amor, etcétera.

Ayudada por Jessie Nelson (‘Yo soy Sam’), con quien ya trabajó en la adaptación teatral de ‘Waitress’, Bareilles (quien ya colaboró con Apple en ‘Central Park‘) pone su «voz interior» y sus canciones en la boca de Bess y proporciona una historia que navega entre el drama personal y familiar y la comedia romántica. Tocando, entre medias, una melodía con todo tipo de acordes mayores y menores.

Pero también algunas discordancias que, lejos de estimularnos, no terminan de funcionar. Si bien aboga por anclar los pies en la tierra, Bareilles y Nelson no dudan en romantizar la historia de Bess que, además de su tragedia (familia desestructurada, apenas llega a fin de mes, su hermano con TEA vive en un piso tutelado…) no deja de tener una historia ideal.

Un cuento de acordes y desacordes

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Estamos ante un cuento en el que todo está destinado a salir bien porque nos topamos con todas las pistas (por no decir tropos… o incluso clichés) que nos lo indican. Porque en realidad, las dificultades a las que se va enfrentando Bess se ven desde fuera como un grano de arena del que se hace una montaña en ese reflejo de la intensidad del que hablaba antes.

De hecho durante la trama me interesaba algo más por su mejor amiga Prisha (Shalini Bathina), una joven lesbiana hija de inmigrantes indios muy tradicionales. Y eso que no es nada que no hayamos visto hasta la saciedad en los últimos años.

Pero, sobre todo, por la historia del hermano de Bess (Kevin Valdez), que es de lejos el mejor personaje y por el que me he mantenido fiel a ‘Little Voice’. O, por lo menos, el que más simpatía genera. Ya solo por ser ultrafan de los musicales (y ojo a sus momentazos) y de ‘The Good Fight‘ me tiene ganado, pero es que vería una serie que solo fuera de él y sus compañeros del piso tutelado.

‘Little Voice’ sigue la tradición de Apple TV+ de entregar series que son bastante blancas o inofensivas y del que pocas cosas negativas, por lo menos en lo formal, se pueden decir. Es una serie enamorada de la música, enamorada de la escena pero ojalá lo estuviera de la historia.


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Espinof

por
Albertini

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