Hoy, en «Cosas que nadie me dijo que pasarían en el futuro»: estoy actualizando el firmware de unas bombillas

Si os pido que me digáis cómo se usa una bombilla seguramente todos digáis que la enroscas, pulsas el interruptor de la pared y sale luz. No tiene más, es una bombilla, ¿qué esperabas, no? Bueno, pues no. De vez en cuando me gusta aprovechar este espacio que tengo todos los sábados para comentar mi experiencia con productos que me compro, como el monitor de 144 Hz, el teclado mecánico, la silla gamer y, hoy, unas bombillas conectadas.

Estamos de acuerdo en que llego tarde, no cabe duda. Las bombillas conectadas llevan en el mercado unos cuantos años (o sea, hasta LIDL tiene las suyas), pero no ha sido hasta ahora que me he animado a ponerlas en mi despacho. Cinco, ni más ni menos: tres arriba, una en la mesita y otra en un foco de cine que tengo por ahí y que, francamente, no sé cómo llegó a casa. Ahora no puedo vivir sin ellas, por supuesto, son súper cómodas, aunque también tienen su aquel.


Bombillas conectadas, qué cosas

Bombillas

Las bombillas conectadas son un festival de luces y color. Yo las tengo configuradas con HomeKit, Google Assistant y Alexa para poder encenderlas y apagarlas con la voz, para crear entornos cuando estoy jugando en el ordenador (se ponen todas de un suave color rojo que me encanta) y para asegurarme cuando estoy fuera de casa de que todo está en orden (vamos, que no me he dejado las luces encendidas).

La configuración, aunque depende de cada bombilla, es sencilla, pero aquí empieza la cosa. Hasta hace no tanto, echar a andar una bombilla era enroscarla y ya. Ahora la conectas al móvil, luego se conecta a la red WiFi y la puedes controlar de forma remota desde cualquier dispositivo. Yo, por ejemplo, las controlo o con la voz o con el reloj, lo que es un gustazo tremendo (y flipante, si te paras a pensarlo, porque estás controlando una bombilla conectada desde un reloj inteligente).

Después de cacharrear con ellas un rato me llamó la atención que las bombillas tenían una actualización. Me quedé un poquito bastante alucinado. Estoy más que acostumbrado a actualizar aplicaciones, móviles, tablets, ordenadores, auriculares y casi cualquier cacharro que pase por mis manos, pero me llamó la atención que una bombilla, cuya función práctica es dar luz, tuviese una actualización de firmware.

Bombillas

El changelog era el clásico «bug fixes and conectivity improvements«, o sea, mejorar el rendimiento de la bombilla y solucionar ciertos problemas de conexión que yo, por cierto, no he sufrido. Nada raro, no había una novedad tipo «ahora la bombilla es capaz de tal o cual cosa». Era una actualización de mantenimiento de las de toda la vida, pero no para un móvil con un procesador de cinco nanómetros y pantalla de 144 Hz, o un ordenador, o unos auriculares que ahora cancelan mejor el ruido, no, para una bombilla.

Lo cierto es que me parece fabuloso que hayamos llegado a ese punto en el que se puede aumentar la seguridad de un coche, mejorar la estabilidad de una bombilla o darle más funciones a un altavoz mediante una actualización de software. También os digo que he visto a personas correr ‘DOOM’ en una calculadora con una batería de 770 patatas, así que a estas alturas casi que me puedo esperar cualquier cosa.

Es de esas cosas que al menos yo, cuando era pequeño, no imaginaba que podrían llegar a pasar y, como digo, me parece algo sensacional. Llego tarde a esto de las bombillas inteligentes, sí, pero me parecen la prueba más que evidente de que la tecnología avanza a pasos agigantados casi sin darnos cuenta, que se mete cada vez más en nuestras vidas y de que puede llegar a ser maravillosa. Salvo cuando toque actualizar todas las luces la próxima vez, claro. Y ahora sí, «OK Google, apaga las luces».


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Hoy, en «Cosas que nadie me dijo que pasarían en el futuro»: estoy actualizando el firmware de unas bombillas

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Xataka

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Jose García

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