‘El torreón’: la película maldita de Michael Mann que podría haber sido un hito del fantástico

En 1983, Michael Mann decidió que la adaptación de la novela de F. Paul Wilson sería su segundo largometraje tras la impresionante ‘Ladrón’. ‘The Keep’, titulada en España ‘El torreón‘ en los viejos buenos tiempos de los VHS de CiC Video, se convirtió en un proyecto tan maldito como el interior de la fortaleza donde se desarrolla una historia de reminiscencias lovecraftianas y horrores cósmicos inauditos en Hollywood.

El castillo del terror

La intención de Mann era la de llevar a la pantalla la odisea de horror y nazis definitiva: la duración original de su película llegaba hasta los 210 minutos, quedándose al final en apenas 90, lo que hace absolutamente imposible que nada de lo que uno vea tenga sentido.

La muerte de Wally Veevers durante el rodaje explica también muchas otras cosas más. Veevers, genio de los efectos especiales y responsable de la belleza fantástica de clásicos como ‘The Rocky Horror Picture Show‘, ‘Superman‘ o ‘2001: Una odisea en el espacio‘, no pudo rematar la bestial faena que Mann se traía entre manos.

Scott Glenn, uno de los protagonistas, asegura que nunca ha llegado a ver la película en su versión íntegra y que el gran problema con ella fue que el hombre que hizo volar a Superman, el tipo de efectos especiales más brillante del mundo, fue contratado a pesar de que no se encontraba bien en ese momento. Wally Veevers tenía problemas de corazón, pero Mann seguía filmando contra el terciopelo negro en aquellos grandes decorados llenos de cables mientras todos se preguntaban si no deberían estar ante un fondo verde o azul. El técnico siempre aseguró que lo tenía todo bajo control, pero su trágico y prematuro final dejaron a la cinta huérfana de magia.

Hay películas olvidadas por la historia del cine, obras que sobreviven sólo en la memoria lejana de pequeños círculos de amantes del culto. En muchas ocasiones, esos títulos suponen el único triunfo de un autor extinto al que se le termina perdiendo la pista. Pero es que ‘The Keep’ es una película de estudio de Michael Mann. Sin embargo, quien parece haber olvidado completamente la película es Paramount, que hace mucho que no quiere oír hablar de ella. El propio Mann rara vez echa la vista atrás, un fracaso que lo mantuvo fuera de los sets unos tres años.

Michael Manns The Keep

Man llegó al torreón como uno de los talentos emergentes en Estados Unidos tras su primera película, muy bien recibida en Cannes. Además, el cineasta también conocía bien el mundo de la televisión. Para su segundo largometraje, Paramount puso algo más de 6 millones de dólares sobre la mesa que terminarían siendo el doble. Y es que no parece una cifra demasiado elevada para una película de terror metafísica, un cuento de hadas para adultos que mostrará la esencia del mal en todo su esplendor y que además contaría con un all-star en forma de equipo artístico.

La fotografía correría a cuenta de Alex Thomson, uno de los mejores y más experimentados cineastas británicos, creador de la luz de ‘Legend’ o ‘Excalibur‘. Por el plató también estaría John Box, director artístico que de ‘Lawrence de Arabia‘ o ‘Doctor Zhivago‘. Además del mencionado Veevers Enki Bilal fue contratado como diseñador de la criatura que acecha la fortaleza. Y qué decir de la música, donde Mann vuelve a contar con Tangerine Dream, uno de los pilares del electro alemán y firmante la música de su anterior trabajo o de ‘Risky Business’, ‘Carga maldita’ o la magistral ’70 minutos para huir’.

El infierno en la tierra en el set

Aquel antiguo estudiante de cine en Londres se había rodeado de los mejores técnicos británicos para un rodaje programado en el Reino Unido. En el reparto, actores sólidos. Gabriel Byrne, Ian McKellen, Jürgen Prochnow, Scott Glenn y Alberta Watson. Un cineasta talentoso, un equipo de ensueño, un rodaje en Inglaterra, lejos de la presión de los estudios. Pues fue todo lo contrario.

La película se rodó en los estudios Shepperton para algunos interiores, y en Gales, donde la producción ubicó en una cantera de pizarra la instalación del pueblo rumano y los exteriores de la fortaleza. Las localizaciones en la pantalla son hipnóticas y otorgan a la película una atmósfera especial tan impresionante como el castillo de influencia gótica de la novela original.

making keep

Sin embargo, esta decisión hará que el rodaje se retrase mucho, porque los sitios no eran plenamente accesibles. Así, fue necesario construir un ascensor para permitir la llegada a la cantera, ubicada a 180 metros de profundidad. Con la lluvia y el frío, los equipos se empantanaban. La aventura, que solo iba a durar unas pocas semanas, terminará ocupando casi un año. Problemas con el ascensor, el barro invadiendo las instalaciones, las luces que no soportaban el frío… se acumulaban problemas técnicos constantemente.

Como Michael Mann es mucho Michael Mann, sus peticiones no estaban necesariamente en línea con las posibilidades técnicas (el uso del humo es difícil de gestionar al aire libre, y aquí hay mucho) y presupuestarias. Eso creó muchos conflictos en el set entre técnicos ganadores del Óscar y un Mann que rehacía escenas incluso más de cuarenta veces, además de cambiar el plan de trabajo de la noche a la mañana si tenía una nueva idea.

En un entorno húmedo, donde el frío te destroza a las pocas horas, la moral del equipo se vino rápidamente abajo, provocando rebeliones contra un director aficionado a los experimentos y que no dejaba de pedir lo imposible. Incluso los actores acabarían volviéndose contra la producción, exigiendo mejoras económicas por su participación. Con un rodaje prolongado y el presupuesto completamente fuera de órbita, Paramount se hartó. Mann no cobró su salario para tener más semanas de rodaje, y cuenta la leyenda que consiguió dinero de un robo por parte de un ex-criminal que se trabajó como asesor técnico en su primera película.

the keep laser

‘El torreón’ está maldita para Mann. Veevers no había dejado ninguna nota, y los trucos y secretos que tenía en mente se fueron con él a la tumba. Paramount, que ya en ese momento no quiere saber nada de la película, se niega a elegir un sustituto. Mann, asistido por otros técnicos de plató, intentó finalizar los efectos de la pelea entre el Golem y el guardián, algo que Weevers había imaginado como una relectura de la obra maestra espacial de Stanley Kubrick.

Mann, aunque agotado y abandonado a su suerte por un estudio que lo considera un esteta peligroso para sus finanzas, continuará su rodaje hasta el final. El director deseaba ofrecer una poderosa reflexión sobre la naturaleza humana a través de su habitual visión existencialista de la vida, donde el hombre se define sobre todo por sus elecciones. Con ‘El torreón’ pretendía crear un universo original, una experiencia sensorial nunca antes vista. Y lo cierto es que estuvo cerca.

keep duel

El corte de Mann de más de 3 horas (210 minutos) pasa por unas proyecciones de prueba que acabarán con la película. El montaje es rechazado y Mann está más fuera que dentro. Demasiado oscura, demasiado larga, demasiado cara, incompleta, la película se montará a toda prisa y luego se estrenará con cierto anonimato en una versión de una hora y media que no encontrará ni a su público ni interesará a la crítica. Una vez visto es evidente que ese montaje se realizó lo más rápido posible. Asimismo, durante sus diversas emisiones en la televisión estadounidense, la película ha ofrecido distintos desarrollos y desenlaces, siendo emitidas en ocasiones las diferentes versiones de prueba por las que la película fue masacrada por el estudio.

Durante años han sido muchos los aficionados a la película, al cineasta o a la novela que han rogado por una edición completa, pero ni el estudio ni tampoco Mann parecen querer saber nada del asunto. ‘El torreón’ es un ejemplo perfecto de obra imperfecta, tambaleante, que camina entre lo sublime y el absoluto fracaso. Producida por un estudio que soñaba con tener su propio ‘Alien‘ y dirigida por un cineasta que buscaba su 2001, es imposible saber si la película hubiera sido un éxito de haber salido bien. Con todo, sus miserables 90 minutos dejan claro que ahí detrás había una historia y unas ambiciones desmesuradas, de las que hicieron grande al cine.


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Espinof

por
Kiko Vega

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