‘Big Sky’: David E. Kelley crea un atractivo thriller en Disney+ Star plagado de malas decisiones

Una de las primeras frases que podemos escuchar en ‘Big Sky’, el Star Original que podemos ver en Disney+, es en torno a que están en pandemia. Por un lado se habla de ella pero más allá de ese comentario, como si no existiera. Ni mascarillas ni distancia social ni nada, lo que convierte esa línea de diálogo en algo tan innecesario como heraldo de lo que nos vamos a encontrar en la nueva serie de David E. Kelley.

Es curioso este momento en el que está el productor que en los últimos años está haciendo todo lo que quiere en televisión. En HBO hemos visto la ejemplar ‘Big Little Lies‘ y la algo dispar ‘The Undoing‘ y su regreso a televisión tradicional (esta es originaria de ABC) lo hace a través de esta adaptación de la novela de C.J. Box.

Estamos en el típico pueblo en medio de la nada, donde un detective privado (Ryan Phillippe) se topa con un caso de desaparición de un par de hermanas (Jade Pettyjohn y Natalie Alyn Lind). Para ello colaborará con su socia Cassie (Kylie Bunbury) y su ex y expolicía Jenny (Katheryn Winnick). La investigación pronto les lleva a averiguar que no es el único secuestro similar dado a lo largo de la autopista.

El reparto se completa por Brian Geraghty como Ronald, camionero involucrado en la trama; Valerie Mahaffey como su madre; Dedee Pfeiffer como Denise, recepcionista de la agencia de detectives; Jesse James Keitel como Jerry, una trabajadora sexual trans y John Carroll Lynch como Rick, agente de la patrulla de la autovía de Montana.

Un thriller que hubiera funcionado mejor en modo maratón

El modelo semanal de Disney+ no le viene bien a estrenos como este. Tengo la sensación de que si hubiese venido en plan maratón a lo Netflix (difícil porque ABC emite la serie semanalmente y no ha concluido todavía) quizás su recepción sería mejor. O, al menos, seguiríamos viendo la serie con una esperanza de mejora.

Pero me temo que no es el caso. No es que ‘Big Sky’ sea terrible, pero sí que encadena una serie de malas decisiones a la hora de ejecutar la propuesta que hacen arduo su visionado. Algunas las podemos achacar directamente a su condición de serie de cadena generalista, pero otras es directamente a un guion que no sabe exactamente cómo arrancar la historia.

Al igual que estamos en medio de la nada, la serie comienza sacando cosas de la nada. La presentación de personajes en ‘Big Sky’ es algo torpe. La serie tiene un elemento de «condenadas a colaborar» para las protagonistas, pero la introducción de lo que las enfrenta es demasiado abrupta, con una acusando a la otra de haberse tirado a su ex casi nada más comenzar el primer episodio. Lo que suspende no solo el test de Bechdel sino casi cualquier cursillo de guion actual.

Fallando desde el primer minuto

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Este es un magnífico ejemplo de cosas que fallan en la serie. Literalmente, lo único que sabemos de ellas son esas cuatro frases, dadas en un diner y sin nada que nos indique que hay un historial aquí. Da la sensación de que ha habido una página del guion que se ha perdido y que Paul McGuigan, el director de estos primeros episodios, no ha sabido resolver bien las carencias del guion de Kelley.

Unas carencias que hacen que todo lo que pase sea un poco increíble. Curiosamente más en un sentido de exploitation del thriller, como si estuviésemos viendo una versión de Disney de un episodio cualquiera de ‘Mentes criminales‘ gracias a esa mirada al perturbado criminal y a sus asustadas víctimas.

El resultado es una ficción que es tan atractiva en apariencia (la premisa es potente, escribre Kelley) como decepcionante en todo lo demás. Sin embargo su visionado me ha dejado con la extraña sensación de que el factor episodio semanal juega más en su contra de lo que debería y que su consumo en maratón es bastante más aconsejable.


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Espinof

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Albertini

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