Así nació ‘Cálico Electrónico’, la primera webserie en español: hablamos con Nikotxan, creador del éxito de la internet anterior a Youtube

Hace no tanto tiempo, cuando internet era un lugar prácticamente salvaje y la palabra «monetización» no solo no estaba en el diccionario sino que a nadie se le pasaba por la cabeza que pudiera estar vinculado a los contenidos que se subían a la red sin orden, concierto, categorías ni hashtags, nació ‘Cálico Electrónico‘. La primera webserie española -también antes de que naciera el término- era una modesta parodia superheroica que se nutría de las modas de entonces (desde imitar a Chiquito a las parodias anime) para plantear un héroe castizo que nació como mascota publicitaria de una tienda de electrónica.

‘Cálico Electrónico’ fue, desde luego, hija de su época: a partir de la limitada y encantadora animación en Flash de sus primeros episodios, su catálogo de secundarios y la duración de cada episodio fue aumentando. Desde entonces, su creador Nikotxan ha ido encadenando proyectos de muy distinta naturaleza (de colaboraciones con otros estudios de animación a spots publicitarios, pasando por un largometraje, ‘La crisis carnívora‘), aunque ninguno ha logrado hacer sombra a un personaje, Cálico, que quizás no haya emitido aún su último eructo.


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Hemos hablado con Nikotxan de los orígenes del personaje, su evolución y su muerte tras cinco temporadas. Y también de su formación, sus últimos proyectos y cómo ve el cambio que internet ha sufrido desde que empezó a subir a portales de juegos y humor las animaciones de su criatura. Revisamos con él una carrera que aunque nunca he terminado de salir de la sombra que proyecta Cálico, tiene muchas otras creaciones sumamente interesantes.

Empecemos por tus primeros pasos, antes de Cálico Electrónico. ¿Qué formación tenías como animador?

Había estudiado diseño gráfico aquí en Barcelona, y había empezado en un estudio, y como freelance. Pronto me decanté por la ilustración, y descubrí el Flash y que me gustaba animar. Vi que me resultaba fácil y se me daba bien. No me considero un gran animador, pero es cierto que tenía facilidad para ello. Poco a poco me fui encaminando a ello, y a lo que realmente me gusta: la creación de las historias, encargándome de todos los puntos del proceso creativo, desde el guión a subirlo a internet (salvo la música, de eso siempre se ha encargado Dani Tejerina).

No me considero un gran ilustrador, pero es verdad que al encargarme de todos los aspectos creativos, acabé aprendiendo de forma autodidacta. Después de hacer Diseño Gráfico y comprobar que me interesaba más el lado artístico que el diseño de tipografías, por así decirlo, monté un estudio con un amigo cuando aún no estaba de moda la palabra «emprendedor». Mi ilusión no era ir a un estudio e ir escalando allí, sino montar algo propio y hacer mis propias creaciones. Así fue como nació el estudio Nikodemo.

Entonces siempre fuiste autodidacta…

Se juntaron varias circunstancias, como en qué momento estaba internet, pero sobre todo la posibilidad, con Macromedia Flash, de conseguir animaciones, quizás de no demasiada complejidad pero sí bastante inmediatas. Por la mañana hacías un muñequito y por la tarde ya estaba correteando por la pantalla. Comparado con la animación tradicional, que era muy trabajosa, y también con la animación 3D, que había que crear modelos tridimensionales y demás, pues todo era más sencillo.

Podría decirse que aprendí practicando. Para hacer un minuto de Flash puedes estar tres o cuatro días. En animación tradicional, ese minuto son dos meses. También puedes experimentar cómo funcionan las cosas al facilitarse los procesos el método de prueba y error, lo que me permitía probar cosas en poco tiempo y también aprender sobre la marcha. También gracias a internet accedí a gente y tutoriales que daban sus primeros pasos, como yo.

¿Y qué te inspira para crear Cálico? ¿Qué referentes tuviste en cuenta? Superlópez, por ejemplo…

Lo que me inspiró fue simplemente que ya había gente haciendo otras cosas: ‘Happy Tree Friends‘ y ‘Puccaclub‘. Pensé: «Esta gente está haciendo series en Flash, no una pieza aislada, y si ellos pueden yo también». En cuanto a influencias, hay de todo: cosas más obvias, como la serie animada de Batman, pero no tenía un referente concreto, había cosas más raras, como los dibujos de ‘Hong Kong Phooey’, de cuando era pequeño.

Por supuesto, he sido fan de Superlópez de toda la vida, pero no lo tenía como un referente obvio. Hay gente que me decía «Cálico es como Torrente», y yo creo que no tiene nada que ver, aunque sea gordo y lleve bigote. Cuando puse la voz me basé en la de Florentino Fernández al doblar ‘Austin Powers’, pero porque era una coña interna del estudio. Pero fue un cúmulo de influencias, en realidad. Piensa también que el origen de Cálico fue el de una mascota publicitaria virtual, lo que ayudó a que fuera muy icónico, porque cuando lo creé necesitaba que fuera reconocible con un tamaño muy pequeño.

Da la impresión de que después de los primeros episodios, más publicitarios, te sentiste cada vez más a gusto y fuiste metiendo guiños más personales…

Al principio sí que tenía un objetivo, pero lo olvidé rápido. Yo hacía un capítulo y no sabía cuál era el siguiente, no teníamos planificaciones por temporadas, o guiones de toda la temporada. Acababa uno, descansaba un par de días y me ponía con el siguiente, de forma un poco anárquica. Pero muchas de las cosas que hacíamos pertenecían a aquella época, y las escuchas ahora y casi ni se entienden.

Pero creo que las referencias, como las bromas, nunca eran la base del capítulo: a gente, por ejemplo, de Argentina, se les podían escapar chistes concretos, pero entendían igual el capítulo. No quería dejar de divertirme haciendo Cálico, así que en cada episodio hacíamos lo que nos apetecía, las bromas que estuvieran de moda en el estudio o lo que fuera. Nos íbamos amoldando.

¿Recuerdas alguno con el que quedaras especialmente satisfecho?

Sí, mi favorito es el último de la segunda temporada, que se llama ‘Cálico’, y es un homenaje a ‘Calvin y Hobbes’. Ese fue el primero que hice para mí, gustara o no, y la verdad es que acabó siendo de los preferidos también de la gente. Siempre intentaba meter en todos los episodios algún detalle sentimental.

¿Crees que hoy sería siendo bien interpretado Cálico o tendría problemas por el tono de alguno de sus chistes?

Mi principal objetivo era hacer reír, si algo me hacía gracia lo metía. Si creía que tenía que meter a Aznar para ser gracioso, lo metía, y eso no quiere decir que la serie fuera política. No me autocensuraba para nada. Hay por ejemplo un capítulo en el que Cálico se frota con la pierna de una supervillana, y a lo mejor alguien se podría haber molestado, pero la verdad es que nunca pasó. No había más intención que la de hacer reir.

Hubo un capítulo en el que salen los Pelusos Carambanales, que son un homenaje a Superlópez, y que hice con ayuda de un montón de amigos argentinos, ellos fueron los que me dijeron los típicos chistes y parodias de la gente del país. Recibí un email llamándome racista, pero la verdad es que yo lo había hecho con la ayuda de gente de allí. Es decir, que siempre va a haber alguien que se va a tomar algo a mal, pero es una excepción. Prácticamente nunca tuve problemas.

Quizás la clave estaba en que, pese al contenido adulto, el humor de Cálico era bastante ingenuo e inofensivo…

Sí, se habla de drogas, se dicen tacos, pero no es como ‘South Park’, por ejemplo, que son buenísimos, pero es otra cosa. También creo que nosotros teníamos un humor fresco, que venía de que no había nada preestablecido, no había un plan maestro para la serie. Los dobladores iban aportando sobre la marcha y quedaba muy natural, y eso es lo que hizo que llegara a la gente.

Cómo Cálico se hizo gigante

Quizás tan típico de la época como la animación Flash era el proceso de difusión de los episodios que seguíais, en los tiempos antes de Youtube…

En aquella época los archivos solo se podían enviar por Yahoo, Hotmail y Messenger, era todo lo que había. Los capítulos eran en Flash para que pesaran menos, y aún así hablamos de un peso de entre tres y seis megas. Seis megas ya era mucho, y tres eran de audio. Por entonces, además, empezaban a salir páginas de contenidos: Yonkis, Elrellano, Minijuegos…

«Los capítulos eran en Flash para que pesaran menos, y aún así tenían un peso de entre tres y seis megas»

Todas se pusieron en contacto conmigo y lo que hacían era linkarnos a cambio de enlazar la página de Cálico. Eso fue un acierto: en los primeros episodios, al final de los créditos, aparecía un listado larguísimo de páginas donde encontrar los episodios. A eso se sumaba la gente que lo veía y que lo compartía con sus contactos de mail o Messenger, y eso fue todo: decirle que sí a todo el mundo y el apoyo de los propios fans.

¿Teníais fans muy entregados?

Sí, completamente: la gente se reunía para ver el estreno de cada nuevo episodio alrededor de una pantalla. En la página de Cálico había un foro, pero servía sobre todo para comentar con los fans después del estreno de cada capítulo, que era el último día de cada mes. En el estudio lo subíamos, nos íbamos a cenar todos juntos, luego contestábamos a los fans en el foro y después nos pasábamos el resto de la noche jugando al ‘Medal of Honor’ en red.

¿Cómo os planteasteis la monetización del proyecto?

El estudio se montó para poder hacer el largometraje ‘La crisis carnívora’. Nos llegó el director Pedro Rivero con un guión para que hiciéramos la animación, y esa fue la excusa perfecta para montar el estudio. Aparte de eso, yo hacía Cálico Eletrónico, en el que me encargaba de todo en las dos primeras temporadas, salvo la banda sonora y alguna colaboración. A partir de ahí fui llamando a colegas y socios para que fueran metiendo voces.

Lo que pasó es que cuando salió la primera temporada nos sirvió de escaparate, y empezamos a recibir encargos del EP3, piezas cortas y publicitarias para empresas como Coca Cola, Red Bull, Movistar, Vodafone… hubo quien nos pidió spin-offs de personajes de la serie, que hicimos para Eastpak y Smoking Paper. Por entonces muchas empresas estaban entrando en internet a ver qué se podía hacer: la primera burbuja ya había pasado y había petado, y las empresas estaban volviendo con más precaución. Internet era el mejor escaparate, y esta era una serie que todo el mundo conocía y le gustaba.

¿En algún momento os planteasteis dar un salto con la serie a algo más grande?

Sí que pensamos en ir a la tele o al cine. Hace quince años internet no daba dinero, solo servía para enseñar y difundir algo. Siempre he pensado que en Estados Unidos habría sido distinto: allí si algo ven que tienen éxito se lanzan a exprimirlo. Aquí nos reuníamos con las cadenas, y les encantaba, pero se echaban atrás porque en Cálico decían tacos. Por aquel entonces no existía la posibilidad de aguantar en internet, había que salir a otras plataformas en cuanto se pudiera.

Pero vosotros sí hicisteis por vuestra cuenta una serie destinada a televisión…

Sí, la hicimos y nos la comimos con patatas.

¿Por qué acabó Cálico Electrónico?

En parte llegó la crisis de 2008, que a nosotros nos pilló en 2009. Habíamos hecho la web, capítulos semanales y un montón de cosas. Era cuando estaba empezando Youtube, pero de momento ahí no había posibilidad de tener beneficios porque aún no estaba establecid como algo de donde sacar dinero mediante publicidad. Nuestros productores acabaron yéndose porque no veían forma de que aquello saliera rentable, y terminamos cerrando Nikodemo.

Más tarde volvimos con Chema Alonso, hicimos la cuarta y quinta temporadas. Pero por entonces, ya con Youtube establecido, encontramos cierto desgaste del personaje y que además, era mucho más complicado destacar entre la gran cantidad de contenidos que se producía. Habían cambiado las reglas del juego y eran necesarias decenas de millones de visionados para que aquello fuera sostenible. Así que con la quinta decidimos despedir al personaje.

Es curioso que Cálico nació en un internet mucho más asilvestrado que el actual, y conseguisteis abriros paso y ser conocidos, y luego, en el internet lleno de contenidos comerciales fuera más complicado sobrevivir…

Sí, al principio triunfó porque había menos contenido. Pero tampoco me preocupa, me sirvió para conocer a un montón de gente, recorrer toda España dando charlas, meter el pie en sectores como la animación o los cómics…

¿Te gusta internet ahora o eres un nostálgico?

No, a mí me encanta. No tengo demasiado tiempo, pero Tik Tok me parece fascinante. Tengo colaboradores con mi nueva serie, ‘Pésame Street’, que me van poniendo al día del mundillo.

¿Y en qué plataforma podría sobrevivir ahora Cálico?

Pues quizás en las plataformas de streaming tipo Netflix, que es donde ha acabado recalando el público original de Cálico. Yo mismo no soy consumidor de Youtube, sino que las horas las hecho en Netflix, HBO, Filmin o donde toque, en mi sofá y con mi equipo de sonido Dolby.

El mundo fuera de Cálico

¿De todo tu trabajo en publicidad hay algo de lo que te sientas especialmente orgulloso?

Sí, claro. Hace tres años hice un vídeo del décimo aniversario de ‘Breaking Bad‘ en AMC y gustó mucho. Me lo pasé muy bien haciéndolo porque yo era fan desde los primeros tiempos, y con el apoyo de Harbard Studio, que son los que me trajeron el proyecto, lo pude realizar yo íntegramente. Ellos fueron los que me ayudaron a comprimirlo todo y conté con un mes para hacerlo. Se llevó como diez premios ProMAX, y quedé muy contento.

Hay otros proyectos que se quedaron en el camino. Uno de los más curiosos fue ‘Almorria’, una parodia de los mundos de fantasía…

La idea con ‘Almorria’ era venderlo a algún canal para todos los públicos, tipo Disney Channel. Le bajamos el nivel de contenido adulto y lo llevamos a Cannes un par de años. Recuerdo que un ejecutivo de Disney nos dijo que le encantaba pero que ni de coña podían poner algo así. Ahora ya han salido series como ‘(Des)encanto’ con el mismo planteamiento, pero entonces era original: una serie sobre los personajes secundarios del medieval fantástico. La idea original nació de pensar qué pasaba con los orcos a los que se enfrentaba Aragorn, que fueran ellos los héroes.

También jugabas con los códigos de la fantasía en ‘Las crónicas trol’

Era un proyecto de Átomo Network, canal de Youtube de animación en español que pertenece a Ánima Studios, una de las productoras más importantes de Latinoamérica, con quienes he hecho varias cosas, como ‘Super Épico’ o ‘Mad Dinner’. Tenía libertad absoluta, pero había que cuidar los episodios porque se dirigían a un público más joven. Ahí pude trabajar con actores de doblaje de verdad, como David Jenner.

Llama la atención que técnicamente está más trabajada que otras producciones tuyas…

Sí, porque había un poco más de presupuesto, y entonces podía tener un par de personas para animar, a alguien que trabajara en los fondos… Podía centrarme más en los guiones y la animación, algo poco habitual.

Es curioso que desde que cerraste el estudio en 2010, todos tus proyectos salvo Pésame Street han sido en colaboración con otros…

¡Claro, es que hay que pagar las facturas! Siempre he tenido la suerte de que cuando me han venido encargos, me han dejado libertad (bajo ciertas limitaciones, claro), y siempre ajustándose a mi estilo de hacer las cosas. También he hecho cosas para consumo interno en empresas, o cosas más serias, pero dentro de lo que cabe, no me quejo. En cualquier pieza, estuviera más o menos cerca de lo que yo solía hacer, siempre he aprendido algo.

Hasta que en 2016 llega ‘Pésame Street’, que es un proyecto muy personal tuyo.

Completamente. Hace ya seis años pasé por un cambio en mi forma de interactuar con el resto de los animales, por así decirlo. Mi cabeza hico «clic» y decidí dejar de consumir productos de origen animal, me hice vegano, y pasé por diferentes fases: de la indignación inicial pasé a cierto activismo de no querer quedarme de brazos cruzados. Llegué a pasar un año dándole vueltas a qué hacer, y decidí que el humor y la animación era lo que se me daba bien. Usar ese medio para hablar del maltrato animal podría no terminar de parecer buena idea, pero después de darle vueltas, acabé con el capítulo primero, de ‘Toro, torito’. Se lo enseñé a mi chica, que acabó llorando, y ahí pensé que igual sí que había dado con una buena idea.

Me di cuenta, al ver las reacciones a ese vídeo, que lo contrario a reír no es llorar, es no sentir. Si haces reir a la gente consigues que se abran a ti, y es fácil emocionarles por el otro lado. De la risa al llanto hay un paso. Eso lo saben bien en las películas de Pixar: si consigues que la gente se ría, bajan las defensas y es fácil darles el golpe después, como hago en los primeros capítulos de ‘Pésame…’. Y así hago llegar el mensaje que yo quería transmitir.

Yo ya vi en su día los típicos vídeos de maltrato animal, de mataderos y demás, que son necesarios porque sin ellos ‘Pésame Street’ no habría nacido. Pero la gente no quiere ir a eso, prefieren apartar la mirada. ‘Pésame Street’ es una manera de hacer reir a la gente y al mismo tiempo que esos dibujitos te cuenten algo importante.

Incluso has llegado a publicar un libro de la serie.

Sí, se pusieron en contacto conmigo de la editorial Akal. Pensé que sería una buena manera de llegar a más gente y de explicar cosas más en profundidad. El libro cuenta, aparte de un poco «Cómo se hizo» cada capítulo, con expertos que van dando datos acerca de los distintos temas que tratan los episodios, muchos de ellos desconocidos para el gran público.

Y todo esto lo compaginas con tu trabajo «real», digamos, que es en Telefónica…

Sí, hace un par de años Chema Alonso me llamó para que me fuera a Telefónica. Allí, tras pasar por comunicación interna y online, he acabado en marketing. Siempre, desde los tiempos del estudio, he trabajado por mi cuenta, pero con esto he dado el cambio que me permite seguir encargándome de proyectos personales como ‘Pésame Street’ o la tienda online de Don Ramón y Perchita, aparte de algún proyecto adicional que saldrá muy en breve. ¡Hay una sorpresa gorda en camino!


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Así nació ‘Cálico Electrónico’, la primera webserie en español: hablamos con Nikotxan, creador del éxito de la internet anterior a Youtube

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Xataka

por
John Tones

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