Los 23 mejores DLC de videojuegos de la historia (porque no siempre son simples sacacuartos)

Los 23 mejores DLC de videojuegos de la historia (porque no siempre son simples sacacuartos)

¿Se acuerdan de los DLC? Tres siglas temidas, de DownLoadable Content. ¿Aquellos meteoritos que destruirían la faz de la tierra en forma de microcobros? Robos a mano armada según unos, una oportunidad para redimir errores y dar lo mejor del juego para otros.


En realidad siempre estuvieron ahí: los llamaron “paquetes de expansión”. Y primero llegaron en diskettes, después en CD’s embalados bajo sobres o cajitas de cartón. Hoy son largas cadenas de códigos transformadas en archivos digitales de varios GBs de tamaño. De la Torre de los Magos en ‘Los Sims’ a la Corte Carmesí de ‘Darkest Dungeon’.

Y las dos posturas tienen razón, desde luego. El año pasado Polygon titulaba así la noticia de un DLC sobre ‘Assassin’s Creed Odyssey’: «La mejor característica de AC Odyssey cuesta 10 dólares extra». Un boost de puntos de experiencia que, más que bondades, legitimaban el truco sucio de avanzar más en menos tiempo no jugando, sino pagando. Esos merecen un artículo aparte.

Pero aquí no vas a encontrar nada de eso, vas a encontrar 23 DLCs genuinos y símbolos de buenas prácticas. 23 ejemplos de cómo hacer crecer las ideas mecánicas y narrativas de un videojuego sin engañar a nadie. Al contrario, hoy día muchos de estos descargables son adendas imprescindibles de los juegos base.

Grand Theft Auto IV – The Ballad of Gay Tony

‘The Ballad of Gay Tony’ es un cachondeo. Es puro exceso, trae de vuelta el paracaídas y la mala baba en clave de referencias glam.

Quienes achacaron al Toni Bellic de ‘GTA IV’ ese tono gris y derrotado —su mejor virtud, si me preguntas a mí— pueden encontrar aquí a un dominicano retirado de la milicia, un matón que trabaja para los clubes más oscuros de la noche, donde el champán y el dinero corren como pólvora prendida. Una perspectiva que se aleja diametralmente de las bandas de moteros o las mafias serbias en el ocaso de su reinado.

Dishonored – Las brujas de Brigmore

Aviso, el trabajo de Arkane va a salir más de una vez en este listado. ‘Las brujas de Brigmore’ es una continuación directa del primer DLC de ‘Dishonored’, ‘El Puñal de Dunwall’. Ambos componen una historia paralela a la campaña original, pero este cierre esclarece y conecta todos los eventos. Es decir, sirve de perfecto colofón entre las historias de Corvo Attano, el primer protagonista y, Daud, el segundo.

Un trabajo que eleva el discurso y un escenario, la mansión de las brujas, que invita a explorar por todos sus recovecos. Con su propio paquete de logros, esta expansión de 4,99€ bien vale cada céntimo.

Mass Effect 3 – La Ciudadela

Hacia el final de este DLC alguien dice «hemos tenido un buen viaje». «El mejor», responde Shepard, explicitando esa sensación de haber vivido la recapitulación más redonda posible. No se equivoca. La conclusión original de ‘Mass Effect 3’ causó tal avalancha de críticas que el estudio desarrollador, Bioware, tuvo que plantear una serie de caminos alternativos para contentar a toda una marabunta enfebrecida.

Lo que para algunos fue una bajada de pantalones finalizó en un descargable de 4GB maravilloso. Y lo es porque sirve de colofón de forma distinta a la esperada. Se trata de lo que sucedió «la noche antes» del final. Y es un relato escrito por fans para fans.

El humor lo impregna todo —el “momento cepillo de dientes”, las veces que insinúan que Shepard en realidad no es un buen jefe ni sabe bailar, un casino con un puñado de juegos con chistes a la ludopatía— y las opciones crecen en escala. Sí, hay épica, hasta el grado de implicar a todos los personajes, pero también una dulzura casi infantil que baña cada recoveco de este apéndice narrativo.

Red Dead Redemption – Undead Nightmare

No descubrimos nada nuevo, ¿verdad? Pocas cosas mejor que reventarle la mandíbula a un muerto viviente con un Winchester. Se cambian referencias e influencias, de David Lean o Sam Peckinpah a George A. Romero, John Carpenter y Wes Craven. Hordas de zombies rabiosos, y un puñetero Chupacabra. La mejor serie B dentro de un triple A.

Rockstar se sacó de la chistera un montón de juguetes para que John Marston hasta domesticara los cuatro caballos de Apocalipsis. Algunos personajes vuelven de formas inesperadas, hay una conexión lógica, pero la forma en la que entrelaza cada elemento no aspira a la tragedia, sino a sobornar una carcajada. Y lo consigue. Y más de una.

Diablo II – Lord of Destruction

Lord Of Destruction

El ángel caído Izual ha engañado a todos y, de paso, ha liberado a la araña Baal. El mundo está a punto de llegar a su fin. Si esa no es suficiente percha para enganchar tu interés, dime qué. ‘Diablo II’ pecaba de una conclusión vaga y este DLC fue el broche que satisfizo cualquier exigencia: más dropping, cientos de objetos únicos, dos nuevos personajes jugables —el asesino y el Druida, el favorito de muchos— y las tablas de la ley en forma de Acto V.

Bioshock 2 – La guarida de Minerva

Este es uno de los DLCs mejor escritos de nuestra moderna historia videolúdica. No en vano detrás de él están Fullbright, los padres de ‘Gone Home’ y ‘Tacoma’. La trama dice así: dos científicos brillantes desarrollan una IA que controla los sistemas de seguridad y automatización de Rapture.

Uno traiciona a otro de forma egoísta y este segundo planea recuperar el control haciendo uso del Big Daddy más perfecto que existe: la serie Alpha. Y nosotros lo manejamos. ¿Debemos hacerle caso? En serio, piensa en las posibilidades, podemos arreglar las cosas. Quienes asumen que la secuela de ‘Bioshock’ es el patito feo de la trilogía es que no han entendido nada. Para muchos es la perfección de una fórmula que aún tenía bastante margen de mejora.

Prey – Mooncrash

Y, para muestra, este botón. El reboot de ‘Prey’ es uno de los FPS más denostados de la actual generación. Y este DLC, en consecuencia, una gema enterrada entre toneladas de ideas clónicas. La sinopsis: viajamos a una base lunar secreta y nuestro objetivo es sobrevivir. Así de sencillo.

No, no es así de sencillo. Porque tendremos que cumplir misiones y cada partida es única. En realidad estamos ante un rogue-lite con armas de diseño. Las armas se conservan, todo lo demás es rejugable, lo que invita a perfeccionar nuestros métodos y seguir probando opciones mientras desbloqueamos nuevos personajes —hasta 5—.

Half-Life – Opposing Force

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Y ya que estamos hablando de shooters de alto copete, ¿por qué mejor no empezar por el principio?

Esta adenda del primer ‘Half-Life’ narra los acontecimientos de Gordon Freeman en Black Mesa desde la perspectiva de otros ojos. Los del marine Adrian Shepard. Las conexiones crecen horizontalmente y esos desvelos que ama cualquier fan de la saga, quienes claman por una tercera parte, están aquí en forma de conspiración controlada. Un prodigio con 20 años de solera, ojo.

The Last of Us – Left Behind

Se colocó en la tienda de PSN por 9,99 €, sin muchas intenciones de hacer historia. Pero lo hizo, vaya que sí. La relación de Ellie con Riley en el centro comercial abandonado —y lleno de infectados— logró que más de un jugador robusto rompiera en lágrimas. Bruce Straley y Neil Druckmann querían contar una historia grande en un espacio pequeño.

Y mientras un espectro del respetable se tiraba los tweets regañando la relación homosexual de la joven inmune, otro grupo se topó con el que es, quizá, el DLC más conmovedor de la historia de los videojuegos.

Una odisea preciosa que marcó las pautas de ‘El Legado Perdido’ (‘Uncharted 4’), o «cómo un DLC se le fue a Naughty Dog de las manos y acabó siendo un juego completo», como diría mi compañero Frankie.

Civilization V – Cambia el mundo

Que Civ crece con cada DLC es algo que damos por seguro. Podríamos sentarnos y hablar de los DLC’s de ‘Europa Universalis IV’ y ‘Crusader Kings II’ —con especial cariño a ese descargable con canciones hebreas o aquel de novias exóticas—. Es decir, este es un género donde las expansiones cobran un sentido práctico, porque el contenido determina las variables de nuestras partidas. Y a más opciones, más juego.

Pero es que esta expansión es tan buena que, sencillamente, arregla el rictus de los fans más enfadados. Modifica y balancea muchos “errores” del original, suma rutas de comercio donde antes había severas ausencias, trae de vuelta el cristianismo por medio de las tres ramas centrales —catolicismo, ortodoxismo y protestantismo— y sube la apuesta con 9 civilizaciones extra: asirios, brasileños, indonesios, marroquíes, polacos, portugueses, shoshones, venecianos y zulúes.

The Elder Scrolls IV: Oblivion – Shivering Isles

¡Traedme queso! Si has jugado a ‘Oblivion’ recordarás con cariño algunos de sus momentos clave. Si has jugado a ‘Shivering Isles’ recordarás sus momentos con más cariño que a ‘Oblivion’ entero.

Aquí tenemos un reinado gobernado por el tarado Sheogorath, un lugar bello donde crece flora extraña y peligrosa y casi 40 horas de contenido extra diseñadas para satisfacer cualquier ceja arqueada. Ya quisieran los DLCs de ‘Skyrim’ tener la personalidad y carisma de este pequeño regalo digital.

Far Cry 3 – Blood Dragon

Ok, no es un DLC propiamente dicho, pero no podemos dejarlo fuera. No sería justo. Hablamos de una expansión independiente que comparte motor y mecánica con ‘Far Cry 3’, pero también hablamos de un capricho marca de Ubisoft para sondear al jugador tradicional. Y salió por la puerta grande.

Porque ‘Blood Dragon’ actúa como una especie de mod ebrio en clave tecnificada. Somos un humano mitad cyborg viviendo el frenesí de los 80 en clave de neones y dinosaurios disparando láseres.

No tiene sentido, es cierto, pero ahí está su gracia.  Una loca epopeya sci-fi que sirvió de molde para todos los demás DLC’s de ‘Far Cry’ y que aún hoy es recordado como un clásico instantáneo. El Valle de los Yetis no es nada comparado con esto.

The Witcher 3: Wild Hunt – Blood and Wine

Este es, para mucho, el epítome del DLC, la máscara sobre la que debería moldearse cualquier otro contenido descargable. Olvídate del skin que te convierte en Thanos, esto son 20 o 25 horas de contenido cuidando hasta el mínimo detalle. Geralt de Rivia viaja a Toussaint, una especie de meseta francesa cuya vid crece más sana y donde los monstruos son más grandes.

Este DLC es tan magno que ensombrece ‘Hearts of Stone’, la primera expansión y otras 20 horas de contenido. Un juego por sí sólo que reconecta con varios arcos argumentales del original y que mejora cada faceta de éste, desde el rendimiento en tiempos de carga, gráficos, hasta el pulido jugable.

Baldur’s Gate II – El Trono de Bhaal

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Otro estándar de oro para esto que llamamos DLC, uno de los tres oficiales lanzados tras BG II. Tenemos, por un lado, un montón de contenido extra: hechizos, clases, subida en el límite de nivel, personajes y Watchers Keep, una mazmorra bajo un castillo con seis niveles de profundidad que, sólo por su intrahistoria, bien merece su valor.

Por otro lado tenemos sus consecuencias, un final grabado en la retina de miles de usuarios y demostró que el RPG siempre será el mejor contenedor para contar historias de espada y brujería.

Dragon Age: Origins – El Despertar

Siguiendo el canon de los paquetes de expansión de los 90, ‘Awakening’ amplifica el registro de opciones, sube tanto nuestro potencial como el poder de los enemigos y construye arcos argumentales que sirven de mimbres para ‘Dragon Age II’.

Más carisma y menos profundidad en las relaciones por casi 39,99 euros de los de entonces. Sí, era un pastizal, pero ‘El Despertar’ es, según los jugadores más historiadores, el cénit de Bioware en construcción de personajes.

Dark Souls II – Trilogía de las Coronas Perdidas

No te enfades, por favor. Si prefieres ‘Artorias del Abismo’ o ‘La Ciudad Anilla’ —o ‘Los Antiguos Cazadores’—, tienes toda la razón del mundo. Pero mientras aquellos DLC apenas completaban juegos bien diseñados y escritos, estos DLCs son mucho más expansivos, expanden el lore y conectan con los otros dos juegos de la saga.

Todo el encanto que faltó en Majula, el asentamiento base, lo podemos hallar en la Torre de Bruma, el congelado castillo de Eleum Loyce o ese puzle arquitectónico llamado Shulva. Y son escenarios crueles, difíciles en exceso, pero también son la mejor toma de contacto para aprender a jugar. Tres coronas, dos dragones, un espadón maravilloso —el del Caballero de Humo, claro— y un gratificante final arropado por un grupo de caballeros, los últimos supervivientes del caos y la corrupción.

Fallout: New Vegas – Camino Solitario

En realidad aquí deberíamos meter todos los DLC de ‘Fallout: New Vegas’. En conjunto conforman un archipiélago de momentos entrañables.

El que citamos sirve de epílogo, son las líneas finales de un Apocalipsis de San Juan, un evangelio apócrifo donde, por fin, se da carpetazo a uno de los hilos más finos de ‘Fallout’ más noble. Con cierta melancolía se pone sobre la mesa ese “la guerra nunca cambia” desde un prisma inexplorado: el de que cada combate es trivial y apenas podemos dejar huella en un par de personas cercanas. Lo demás es accesorio.

Age of Empires II – The Conquerors

The Conquerors

Aún recuerdo salir del instituto y correr a por esta expansión. ¿La promesa? Jugar con El Cid, con el mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar en plena reconquista de la España medieval.

Había más, claro: Atila el Huno luchando contra el Imperio Romano y Moctezuma liderando el Imperio Azteca. Aunque no prestaras atención a las clases de historia seguro que te enamoraste de la Edad de los Reyes. Cuatro campañas adicionales que ayudaron a rubricar el logo de Ensemble Studios y Microsoft en nuestras memorias adolescentes.

Borderlands 2 – El Asalto de Tiny Tina a la Mazmorra del Dragón

‘Borderlands 2’ fue un juego que vendió explosiones al peso. Y si esa es la moneda del banco de la diversión, esta expansión simple y llanamente es deliciosa. La llave de entrada es la que sigue: la esquizoide Tiny Tina, una niña de 13 años muy fan de la dinamita, se pone a jugar una partida de rol en Bunkers & Badasses (aka Dragones & Mazmorras) y nosotros somos su personaje.

Bajo la premisa y con Tiny de dungeon master, el desarrollo estrafalario está servido. Y sirve de contenedor para que Gearbox Software dé rienda suelta a su creatividad y presente un montón de incursiones muy complicadas, adictivas y descacharrantes. Una ensalada de balas bañada con una magnífica banda sonora en las periferias del desierto de Pandora.

Battlefield: Bad Company 2 – Vietnam

En cuestión de números, este pack contiene 5 mapas extra, 6 vehículos, 15 armas y 49 nuevas piezas musicales para que nadie quisiera apagar la radio. Vietnam aglutina lo mejor de un juego de pandilla, es “el Battlefield bueno”, como dirían algunos.

Siguiendo el canon de otros paquetes de expansión, como el clásico United Offensive de ‘Call of Duty’, Vietnam respondía al apetito de sus feligreses llamando tanto o más la atención que la propia campaña del juego original.

Forza Horizon 3 – Hot Wheels

Mucho más divertido que Blizzard Mountain, este DLC se acordaba de la mítica marca de juguetes para encapsular el alma arcade de ‘Forza’ en el mejor lugar posible: entre caracol y chicana de tres kilómetros, atravesándolas a 350 km/h. ‘Hot Wheels’ es en realidad una especie de gymkana, de parque temático con seis circuitos en seis islas, con muchas luces y dinosaurios mecánicos. 10/10.

Splatoon 2 – Octo Expansion

Se sabe que Nintendo no pone a sus equipos a trabajar si no es bajo una orden clara y un objetivo funcional. Y, bueno, las expansiones de ‘Mario Kart 8’ duplicaban el contenido del juego original. De ‘Xenoblade 2’ podemos decir lo mismo. Bien, pues esta expansión expande, como debe ser, el contenido single player del juego base y propone desafíos mucho mejor diseñados para quienes se quedaron huérfanos con la campaña original.

Portal 2 – Cooperative Testing Initiative

Y, para concluir, hablemos de ‘Portal 2’, el mejor juego de la historia a fecha de hoy mismo, hecho objetivo y empíricamente demostrado. Fin. Este DLC, gratis como una sonrisa, obtuvo un premio en los Golden Joystick y propone una serie de cámaras de prueba para jugar en cooperativo —con ATLAS y P-body— y un colofón exclusivo.

Mención especial merece Arteterapia, el sexto y último curso desarrollado en un futuro remoto y situado en las nuevas instalaciones de Aperture Science, una tortura definida por GLaDOS como exhibición artística y que sirve como último espacio de calibración.

Los resultados, más allá de revelar las personalidades de los dos robots, presenta una genial píldora para cualquier fan del universo Half-Life.

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La noticia

Los 23 mejores DLC de videojuegos de la historia (porque no siempre son simples sacacuartos)

fue publicada originalmente en

Xataka

por
Israel Fernández

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